Creo que su autor no requiere presentación. Por naturaleza me cuestan las tramas complejas sin embargo este tipo de obras, llenas de intrigas me atrapan y me confunden simultáneamente.
Por algún motivo la emparento con La vida es sueño, creo que deberé releer ambas para poder entender por qué. Recuerdo que hace un par de años vi "Calderón", en una puesta en escena con títeres y la interpretación de Laura Novoa. Continúa en mí las emociones mezcladas que me produjo. Recuerdo haber quedado impactada con La vida es sueño ingresando en la adolescencia. He seleccionado dos fragmentos para mi otro blog "Las voces de los otros", dos de los fragmentos que más han resonado en mi cabeza desde entonces sin haberla releído. Calderón agregó algún matiz más a esas impresiones y me han hendido el alma de la misma forma.
Llegué a El Rey Lear por recomendación porque había un consejo detrás: no importa cuánto mérito hagas, no te amarán por eso, te amarán o no por fuera de eso.
Comencé tratando de entender la relación de Cordelia con su padre. Me confundió ese amor filial necesario, ni más ni menos. Es ese amor debido quien vuelve a rescatar a ese viejo padre, ese viejo rey, exiliado por quienes más amor le declararon. Es Cordelia, expulsada por un padre nacisista debido a su sinceridad y su mesura, quien termina perdiendo su vida en un intento de rescate de ese mismo padre.
Un amor mucho más profundo que el declarado. Todos los halagos habían ya sido monopolizados por sus hermanas. Cordelia comprende el problema en que se encuentra y se lamenta: "Desdichada de mí, no puedo alzar mi corazón hasta mi boca. Yo amo a vuestra majestad ni más ni menos de acuerdo a nuestros vínculos." Pobre Cordelia, su naturaleza de hija auténtica y amorosa, le privaba de la lisonja, la adulación mendaz.
Pero no es el único vínculo familiar en análisis. También Gloster, con su hijo "bastardo" Edmundo, mayor, y de Edgardo, "legítimo" y menor. Gloster, engañado por Edmundo, desconfía de Edgardo y lo repudia. Y es sin embargo éste quien acoge a su padre, cegado brutalmente a instancias de Edmundo, cuando éste también es traicionado y acusado de traidor.
Las traiciones no terminan ahí: los dos hermanas mayores de Cordelia, Gonerilda y Regania, antes unidas en contra de su padre, el Rey, ambas son enamoradas por Edmundo quienes celosas terminan enfrentadas y dándose muerte.
Según el gusto popular, hay más muertos que sobrevivientes, pero más allá del "entretenimiento" la traición, tanto política como amorosa, la adulación y el narcisismo, nos ponen frente a un concepto duro sobre el ser humano, que sólo sale bien parado ante el amor leal a prueba de todas las calumnias y pronto a recibir al amado arrepentido.
Más allá de eso hubo un par de fragmentos que me gustaría destacar.
Edmundo, fruto de una aventura prematrimonial de su padre (Gloster), envidia a Edgardo por ser hijo legítimo y heredar. Trama una treta para hacer creer a su padre que Edgardo quiere darle muerte. Gloster, el padre de ambos, lo repudia y Edgardo debe huir. Se hace pasar por loco, cambia sus ropas por las de un mendigo y se lamenta llamándose a sí mismo "el pobre Tom". Cuando Edmundo acusa a su padre Gloster, de traidor, Gonerilda, hija de Rey Lear y amante de Edmundo ordena que le arranquen los ojos. Cegado huye. Edgardo lo encuentra y sin darse a conocer lo guía y acompaña hasta hallar una mejor ocasión de revelar su verdadera identidad.Gloster, ciego, creyéndose acompañado por un loco, el pobre Tom, se lamenta:
"Bueno, esa es la plaga de estos tiempos,
que los locos conduzcan a los ciegos"
Más adelante, el Rey Lear:
" ¿Y a la criatura huir del perro? Allí pudiste ver la gran imagen de la Autoridad, se obedece al perro cuando le han cocedido autoridad. Tú, guardián vil, ten tu mano sangrienta! ¿Por qué tienes que azotar a esa puta? Y descubre tu propia espalda, en cambio, ya que deseas con ardor usarla en aquello por lo que castigas. El usurero cuelga al que es ratero; los ropajes de piel todo lo ocultan. Recamados con oro, los pecados pueden quebrar su lanza a la justicia; armados con harapos, los traspasa el dardo de un pigmeo. Nadie, digo, es culpable. Yo absuelvo; hacedme caso, mi amigo, a mí que tengo el poder de sellarle los labios al que acusa. Consíguete unos lentes de cristal, y, como un intrigante finge ver las cosas que no ves. Bien, bien, bien."
Mi primera lectura fue accidentada. Tuve que interrupirla muchas veces y eso hizo que perdiera el hilo muchas veces. Seguramente mi próxima lectura me revelará más aspectos interesantes de esta obra.
Ex libris 2012
Adriana Silvia Galli